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Puedes comenzar un pequeño cultivo en tu casa, ya sea en el balcón, la azotea o en el patio. Estos son espacios ideales para iniciar una hortaliza y los beneficios son innumerables: además de ser una actividad relajante y que puedes desarrollar y compartir con toda la familia, esos alimentos cultivados por ti estarán libres de abonos químicos que dañan la salud.
Otra ventaja es que una hortaliza recién cortada te da alimentos frescos a diferencia de los que compramos en los mercados, que llevan mucho tiempo de haber sido cosechados y transportados y han perdido buena parte de sus nutrientes. A esto le sumamos el sabor incomparable y el ahorro económico que representa producir tu propio alimento.
Lo primero que hay que hacer es buscar un espacio bien iluminado, limpio y con buena ventilación. De esto dependerá el buen crecimiento de las hortalizas. Hay plantas, como los tomates, las berenjenas, los melones, los pimientos o los pepinos, que necesitan mucho sol. Si tu balcón o terraza recibe luz por unas cinco o seis horas al día éstas serán las especies ideales. Si por el contrario, recibe menos luz y calor, será oportuno escoger otras plantas como la lechuga escarola, las acelgas, las coles o las espinacas.
Semilleros:
Después de limpiar y arreglar el lugar en donde harás tu huerto, lo siguiente es fabricar los semilleros. Estos pueden estar hechos de botes de refresco de dos litros cortados por la mitad o incluso latas de tamaño mediano.
Lo primero es lavar bien los recipientes y hacerles pequeños orificios en la parte posterior para que al regarlos el agua pueda correr.
Es importante llenar los semilleros hasta la mitad con tierra para semillas o tierra de buena calidad. Al igual que las semillas, ésta se puede conseguir fácilmente en los viveros y es importante que esté suelta y permeable. Después tienes que afirmar el nivel de tierra con un rastrillo o una pala y asegurarte de que la superficie esté bien nivelada. Antes de colocar las semillas es necesario que las revises, si encuentras alguna de color alterado, deséchela, ya que es probable que no germine. Siembra dos o tres semillas por lata o bote de plástico y esparce tierra sobre las semillas de manera que queden cubiertas con una capa de un par de centímetros.
El siguiente paso es colocar los semilleros en un lugar cálido y luminoso -sin que le de la luz directa del sol- y regarlos con cuidado. Para eso puedes utilizar un atomizador o una regadera que tenga orificios finos. Ahora tapa el semillero con una cubierta de plástico transparente o un trozo de cristal. Al paso de los días podrás ver que se forma vapor de agua en el interior del semillero sobre los retoños que germinan. Si es muy abundante el vapor, puedes secar el cristal con un trapo. Y una vez que las semillas germinen retira la tapadera.
Las plantas aromáticas como la albahaca o la menta, pequeños jitomates, pimientos e incluso acelgas o lechugas pueden convertirse en una decorativa y nutritiva opción para nuestro balcón urbano. Si no tienes balcón o pequeña terraza, las ventanas también son buenos lugares para estas plantas.
Ya que el retoño haya crecido alrededor de seis o siete centímetros, estará listo para transplantarlo a una maceta. Lo ideal es conseguir una suficientemente profunda, que permita que las raíces de las plantas puedan desarrollarse adecuadamente. Que la maceta tenga un buen drenaje, luz suficiente y un riego habitual serán las condiciones esenciales para que el huerto tenga éxito. Y en unas semanas estarás disfrutando de alimentos nutritivos, sanos y cultivados en casa.
Recuerda al momento de planificar el huerto, cuales son los productos que se consumen más en la casa, de la misma manera pensar cuáles son las plantas aromáticas que más utiliza en la cocina o como remedio natural y ésas serán las indicadas para empezar su huerto urbano. Si elige la planta correcta podrá disfrutar de un lindo jardín comestible que le gratificará tanto la vista como el paladar.