Nacido en 1902 en el barrio de Santa Mónica, Luis Barragán es uno de los más grandes arquitectos del siglo XX, merecedor del Premio Pritzker de Arquitectura

A 114 años de su natalicio, conviene revisitar la obra de Luis Barragán a fin de comprender la importancia de un legado imposible de pasar desapercibido.

Las conversaciones sobre arquitectura, urbanismo e identidad mexicana parecen contar con un común denominador en el país: Luis Barragán, poseedor de un poderoso imaginario que más allá de soluciones urbanísticas, propuso una obra cuya visión hoy es un legado al diseño arquitectónico a nivel internacional.

Luis Barragán

Nacido el 9 de marzo de 1902 en el barrio de Santa Mónica, cercano al centro de Guadalajara, desde pequeño comenzó a nutrir su visión entre viajes y estancias al campo, influencias que en su posterior desarrollo profesional dejaría asomar al consagrar el estilo regionalista en sus más grandiosas obras, que convienen convertirse en una ruta obligada para quienes desean conversar en paz con la arquitectura mexicana.

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La obra de Barragán disponible en la zona metropolitana de Guadalajara evoca a los valores estéticos, funcionales y revolucionarios que transformaron el paisaje urbano y en la actualidad son parte inherente de la historia de la arquitectura tapatía y nacional, pues este arquitecto es el único mexicano acreedor al Premio Pritzker de Arquitectura (1980), además de otros reconocimientos notorios en su historial curricular, que incluye el Premio Nacional de Ciencias y Artes, así como el Premio Jalisco.

Luis Barragán como objeto de estudio

Un sello de Luis Ramiro Barragán Morfín (de nombre vasto, como su obra) incluyen al silencio y soledad como elementos no complementarios ni adicionales, sino tangibles, en conexión con quienes habitan y logran comprender cada uno de esos espacios donde se experimenta el placer multisensorial tan bien logrado por el tapatío, que además merece una ovación por parte del urbanismo de la capital de Jalisco por la huella que dejó en el occidente mexicano.

Tan sólo en Guadalajara destacan, de su autoría:

  • Casa de José Clemente Orozco, realizada por Barragán para el muralista zapotlense en 1935
  • Parque de la Revolución, propuesta ganadora para la creación del espacio que integraría a la sociedad a la convivencia en el centro de la ciudad desde 1936, en conjunto con su hermano
  • Jardines del Bosque, desarrollo urbanístico al poniente de la ciudad, planeado por Barragán en 1955
  • Como Patrimonio Artístico de la Nación, Casa ITESO-Clavigero y Casa Cristo

Un paseo por la colonia Americana también supone una placentera apreciación de fincas logradas por Barragán en el siglo pasado, sin embargo, también la Ciudad de México abona al catálogo arquitectónico planeado por el tapatío, quien buscó a lo largo de su carrera cruzar la barrera del diálogo arquitectónico con sus moradores. Su época más activa en el occidente del país fue quizás entre 1927 y 1936, cuando realizó múltiples proyectos propios y para reconocidos clientes, incluido diseño integral y remodelaciones.

Parque de la Revolucion, Guadalaja, Jalisco

En la capital mexicana destaca su participación en el desarrollo de la colonia Jardines del Pedregal y la realización de un emblema de la ciudad: las Torres de Satélite.

Satélite CDMX

Más allá de su visión y trayectoria, la misma ideología y contextos en que Luis Barragán se desarrolló son en la actualidad el principal objeto de estudio de especialistas y profesionales del diseño arquitectónico y urbanístico, pues la sensibilidad con que volvió realidad un estilo tradicional mexicano dentro del mundo de la arquitectura perfila un reflejo de los elementos que desde su infancia descubrió y convirtió en materia prima de su creatividad.

Luis Barragán

Para Barragán, “la vida privada de belleza no merece llamarse humana”, palabras adoptadas por los seguidores ya no únicamente de él, sino de los ideales de la arquitectura con que buscan acercarse al establecimiento de un legado donde la intimidad, belleza, silencio y reflexión son atributos con que conviene replantear la construcción de espacios.

Cuando en 1980 se convirtió en el primer (y único) mexicano ganador del Premio Pritzker de Arquitectura, su discurso también fue poderoso y memorable, como en perfecta armonía con su labor, poniendo de manifiesto su capacidad reflexiva para crear cada uno de sus proyectos. A pesar del máximo reconocimiento a su carrera, hay quienes consideran que la obra y vida de uno de los arquitectos más importantes no fue del todo apreciada durante su más activo desarrollo. Falleció ocho años después de recibir el Pritzker, en noviembre de 1988 en su casa estudio de la Ciudad de México. Sus restos fueron trasladados a la ciudad que lo vio nacer, pero su inmortalidad es tangible en las más grandes ciudades del país.

En 2013, el buscador Google rindió homenaje a Luis Barragán en su portada, con un doodle que celebraba su natalicio mediante un colorido bosquejo de estilo arquitectónico de época de una de sus máximas obras.

Doodle 2013 LB

Con una notoria influencia de los paisajes que durante sus primeros años se grabaron en su memoria, el regionalismo y estilos en los que se cataloga la capacidad arquitectónica de Luis Barragán en sus obras, hoy es un homenaje a la sensibilidad única con que este tapatío revolucionó la arquitectura mexicana a lo largo de su vida, iniciada en el núcleo barrial de Guadalajara y consolidada en la creación regionalista mundialmente reconocida.

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