La propiedad fue adquirida durante la ausencia de Napoleón y a su regreso fue remodelada con exquisito gusto para alojar al matrimonio que poco duró

Localizado a unos cuantos kilómetros de París, Francia, el castillo de Malmaison fue propiedad del político y su esposa.

Adquirido por Josephine de Beauharnais durante las batallas de Napoleón Bonaparte en Egipto, el castillo de Malmaison fue una inversión residencial que requirió, a pesar del desenlace que tuvo la relación de la pareja, un arduo trabajo para reacondicionarlo y decorarlo con un estilo definido como Imperio, a cargo del joven equipo de arquitectura y diseño de Charles Percier y Pierre François Léonard, quienes lograron satisfacer los gustos exquisitos de los Bonaparte.

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Si bien Francia es reconocida a nivel mundial por sus atractivos turísticos que celebran al amor, la relación entre Josephine y Napoleón culminó con su divorcio en 1809 luego de la imposibilidad de ambos para la concepción, siendo de interés urgente para Napoleón la existencia de un heredero. No obstante, Josephine mantuvo su título político intacto y la lujosa residencia, hoy un importante punto de paso si se está de visita en París.

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Funcionó como museo a partir de 1906, y desde entonces se han mantenido muchos de sus espacios como muestra del estilo de vida que llevaba Napoleón a lado de su esposa, entre finas telas y ostentosa decoración, destacando algunas piezas de arte que en su interior se albergan.

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Los turistas recomiendan visitarlo durante la primavera y el verano, épocas idóneas para apreciar en su máximo esplendor la calidad de sus jardines, aunque sitios especializados recomiendan hacerlo en cualquier temporada del año a fin de aprovechar su visita y apoyar el fomento turístico de la región que en siglos pasados requirió también de la visión estratégica de Napoleón Bonaparte para conquistar el mercado inmobiliario con una propiedad que fue repensada para superar las exigencias del histórico personaje.