El acento que le damos a cada rincón de nuestra casa, oficina o estudio es sólo una extensión de lo que somos. ¿Cómo te gusta mostrar tu personalidad?

En el diseño de interiores, la búsqueda esencial consiste en armonizar los pequeños espacios que reflejan la personalidad de quien los habita, y que además se transmita una sensación acogedora. Todos los elementos que son de tu agrado y que permites que los demás vean es una de las formas más auténticas para conocerte. Con nuestros objetos favoritos, no sólo construimos armonía: los dejamos hablar por sí solos.

 

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No hay nada más sensual que la verdad, y la honestidad de un cuarto también depende del factor humano. En una sola habitación pueden convivir distintos contextos, sin importar la finalidad original del espacio: trabajo, descanso, recreación o cuidado personal, no merecen limitarse sólo a accesorios utilitarios si también existen libros que en el baño son siempre un buen pretexto para tardarte cinco minutos más. Velas, teteras, ilustraciones para tus muros, cortinas que te ayuden a controlar la luz también pueden ser catalizadores de momentos de contemplación y meditación que nuestras ajetreadas rutinas nos piden para seguir el día a día.

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Los elementos que sobresalen (tonos oscuros y sobrios, objetos de la memoria —fotografías, pequeños recuerdos de viajes o postales—), incluso el calzado y las prendas de vestir se convierten en esos acentos que le imprimimos a todo lo que tocamos. De esta manera vamos construyendo nuestra propia viñeta. Si agregamos estos contrastes a los materiales que construyen el mobiliario —que empapelan las paredes o hacen los pisos helados una superficie más amigable—, jugamos con textiles, cerámicas, materiales pesados, cada habitación empezará a contar una historia a todo el que la visite.

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